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«Todo me es más que memoria»·

«Todo me es más que memoria»·
-L. Aragón-













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domingo, 22 de noviembre de 2009

LA HERENCIA DE DIOS








LA HERENCIA DE DIOS





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“Pienso en ese infierno de la belleza

en el que queremos permanecer a solas”



-Raúl Gustavo Aguirre-








Este es el tiempo de las apariciones,
la hora del discurso,
la entrepierna de la luz endiablada.
Hablar así de las mutilaciones
me ha llevado el tiempo que se tarda
en introducir los dedos en el hueco de mis ojos,
besar la nada de rodillas y con fe,
dejar que los poros respiren
su orificio destemplado;
disponer las mariposas y los bueyes
y los pequeños insectos que pueblan la ruleta
de los descubrimientos.



Es un lujo tener dos manos,
sujetarse al desorden anticipándose al desastre,
y si aparece,
si en la ventana avisa la negra inmunidad,
el nicho perfumado de las despedidas,
haberse condensado en las venas
con esa tinta que parece recibir órdenes
de un Dios extraplanetario,
un Dios de soledades cuyo poema se rompió
por su fuerza superior,
por el hierro más frío de la galaxia
donde lloró sus lágrimas divinas.
Y entre su tinta,
esta lágrima caliente,
nos repartió los ficheros de sus generaciones.



Demasiados papeles para llenar el cielo,
y atravesando su grandeza
nos habló,
nos entregó su humano sueño,
su desvarío de quimera
con un hambre que nadie reivindica.



Se desentumece un letargo donde el tiempo
rechina en su remanso de paz,
de nada indiscutible, de promesa
mucho más allá de todo lo nombrable.
Y es un lujo tener dos manos
donde poder llamar a la nada
por su nombre.





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